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Microbioma 17.12.2024

Psicobióticos y el eje «microbiota-intestino-cerebro»

Psicobióticos y el eje «microbiota-intestino-cerebro»
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¿Alguna vez has sentido que, al vivir una situación de estrés, se te «revuelve físicamente el estómago»? La mayoría de nosotros conoce bien esa sensación, pero ¿por qué y cómo se produce? Los científicos han descubierto que este fenómeno está relacionado con el llamado «eje intestino-cerebro», es decir, un canal de comunicación bidireccional entre nuestro cerebro y el intestino. Los neurobiólogos han dedicado mucha atención a este concepto en los últimos años. Los resultados de los estudios más recientes han revelado el importante papel de la microbiota intestinal en estos procesos, por lo que podemos hablar de forma más precisa del eje «microbiota-intestino-cerebro».[1]

La investigación en este campo comenzó a finales del siglo XIX, cuando se empezó a estudiar la conexión entre nuestro cerebro, el intestino y las bacterias que lo habitan. Con el tiempo, los científicos fueron descubriendo cada vez más pruebas de que existe una conexión bidireccional entre estas estructuras, y que la comunicación entre ellas se intensifica en momentos de estrés.

Al intestino se le suele llamar a veces nuestro «segundo cerebro», debido a que en él se encuentran las estructuras del sistema nervioso entérico, es decir, redes de neuronas que permiten al intestino funcionar de forma autónoma, sin instrucciones del cerebro.[2]

El SNE controla el funcionamiento de nuestro sistema digestivo y desempeña un papel importante en la peristalsis, la secreción y la percepción del dolor. Nuestro intestino no es solo el «hogar» del SNE, sino que también proporciona alimento y refugio a los microorganismos comensales, nuestra microflora intestinal. Hoy en día existen ya numerosas pruebas de que ambos colaboran para influir en la inmunidad, las funciones endocrinas, las funciones intestinales y la señalización nerviosa.

En las imágenes siguientes se muestra una representación simplificada del eje «microbiota-intestino-cerebro», así como algunas enfermedades en las que este eje desempeña un papel.[3]

Psicobióticos y el eje «microbiota-intestino-cerebro»

Figura A (izquierda). El eje «microbiota-intestino-cerebro». Vías directas e indirectas (endocrinas, inmunitarias y nerviosas) de la interacción bidireccional entre la microbiota intestinal y el sistema nervioso central. Vías del intestino al cerebro (flechas azules): (1) los linfocitos reciben señales de la luz intestinal y liberan moléculas de señalización (citoquinas), que afectan a las células vecinas y a distancia; (2) los péptidos secretados por las células enteroendocrinas del intestino activan las terminaciones sensoriales del nervio vago; (3) la microflora intestinal libera neurotransmisores que llegan a las células del epitelio intestinal, pero también las afectan a distancia; (4) las redes neuronales del cerebro, incluidas la amígdala (Am) y la corteza insular (IC), procesan las señales procedentes del intestino. La activación secuencial del hipotálamo (Hy) desencadena una señal a lo largo de la vía del cerebro al intestino (flechas rojas): (5) los corticosteroides se liberan mediante la activación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal (HHS) y modulan la composición de la microflora intestinal; (6) el llamado reflejo colinérgico antiinflamatorio y/o la activación del sistema simpático liberan neurotransmisores que influyen directamente en la composición de la microbiota intestinal. Figura B (derecha). Estados corporales influidos por el eje «microbiota-intestino-cerebro». Datos científicos recientes indican que la microbiota intestinal, a través de este eje, puede desempeñar un papel en diversos estados corporales, como el dolor visceral, el trastorno del espectro autista, la obesidad, el riesgo cardiovascular, la ansiedad/depresión y la esclerosis múltiple.

Los científicos han encontrado diferencias significativas en la microflora intestinal de personas sanas y de pacientes con determinadas enfermedades. Según los datos disponibles, son importantes tanto la diversidad como la abundancia relativa de los géneros bacterianos Firmicutes y Bifidobacterium. Mediante modelos animales estériles (libres de microorganismos) se ha demostrado que, sin una microflora intestinal normal, el cerebro no puede desarrollarse de forma completa y correcta.[1]

La idea de intentar inducir el bienestar psíquico mediante probióticos, concretamente influyendo en el eje «microbiota-intestino-cerebro», surgió ya en el siglo XIX, pero no fue hasta principios del siglo XXI cuando se pudo poner a prueba en ensayos preclínicos con animales y en ensayos clínicos con humanos. Un metaanálisis publicado recientemente, que incluye 27 estudios con probióticos y prebióticos, mostró una mejora significativa de la depresión y la ansiedad.[2] Es importante señalar que las propiedades observadas no son las mismas en todas las bacterias probióticas estudiadas, sino que son específicas de cada cepa, como ocurre con la mayoría de los efectos probióticos sobre el organismo.

¿Cómo influyen los probióticos en el eje «microbiota-intestino-cerebro»? Tomando como ejemplo la combinación de las cepas especiales Lactobacillus helveticus y Bifidobacterium longum, se ha demostrado que los posibles mecanismos de acción de los probióticos en este caso son: (1) reducción de la conducta depresiva (demostrado en roedores); (2) apoyo al mantenimiento de una neuroplasticidad y neurogénesis normales; (3) prevención de la inflamación en las estructuras del sistema límbico (la zona del cerebro responsable de la respuesta al estrés); (4) mantenimiento de niveles normales de cortisol (en humanos y animales); (5) normalización de los niveles de dopamina y noradrenalina en sangre (en ratas) y aumento de la cantidad de precursores de neurotransmisores (en ratas y humanos); (6) reducción de la apoptosis (el proceso normal de muerte celular programada) en el cerebro; (7) mantenimiento de una permeabilidad intestinal normal y reducción del dolor visceral (dolor cuyo origen se encuentra en las vísceras); (8) reducción de la inflamación intestinal causada por el estrés.

En 2013, varios investigadores de Irlanda publicaron el trabajo «Psicobióticos: una nueva clase de fármacos psicotrópicos», en el que introdujeron por primera vez el término «psicobióticos»: microorganismos vivos que, al ingerirse en cantidad suficiente, aportan beneficios para la salud a los pacientes que sufren trastornos mentales.[3] El término «psicobióticos» se ha generalizado para describir a los probióticos que se investigan en el tratamiento de la depresión, el estrés, los trastornos de ansiedad y otros trastornos mentales. En los ensayos clínicos se incluyen tanto personas sanas como pacientes con depresión, enfermedades crónicas o neurodegenerativas como el Alzheimer, autismo, trastorno bipolar, síndrome de fatiga crónica, migraña, trastorno de ansiedad y depresión asociada al síndrome del intestino irritable, entre otros.

La investigación actual muestra que la microbiota intestinal y el eje «microbiota-intestino-cerebro» representan una línea muy prometedora en neurociencia, psicología y psiquiatría. Es de esperar que, en un futuro cercano, el uso de probióticos, prebióticos y la modificación de la dieta mejoren la calidad de vida de los pacientes y ayuden a las personas sanas a mantener sus capacidades cognitivas y un sueño saludable, así como a aumentar su resistencia al estrés.

[1]  [Wood, J. D. (2007) «Neuropathophysiology of functional gastrointestinal disorders». World Journal of Gastroenterology 13(9): 1313; Cryan, J. F. And S. M. O’Mahony (2011) «The microbiome-gut-brain axis: from bowel to behavior». Neurogastroenterol Motil 23(3): 187-192].

[2] [Liang, S., et al. (2018) «Gut brain psychology: rethinking psychology from the microbiome–gut–brain axis». Frontiers in Integrative Neuroscience12: 33].

[3] [Upravené z: Montiel-Castro AJ, et al. The microbiota-gut-brain axis: neurobehavioral correlates, health and sociality. Front Integr Neurosci. 2013 Oct 7;7:70].

[4] [Luczynski, P., et al. (2016) «Growing up in a bubble: using germ-free animals to assess the influence of the gut microbiota on brain and behavior». International Journal of Neuropsychopharmacology, 19(8)]

[5] [Liu, R. T., et al. (2019) «Prebiotics and probiotics for depression and anxiety: a systematic review and meta-analysis of controlled clinical trials.» Neuroscience & Biobehavioral Reviews, Jul;102:13-23]

[6] [Dinan, T. G., C. Stanton and J. F. Cryan (2013) «Psychobiotics: a novel class of psychotropic». Biological Psychiatry 74(10): 720-726]