El interruptor de la inflamación: ¿Por qué el omega-3 por sí solo no es suficiente y qué papel desempeña el intestino?
Estamos acostumbrados a ver la inflamación como un enemigo al que debemos luchar. De hecho, la inflamación aguda es un mecanismo de protección esencial para nuestra supervivencia. Es una señal de alarma a la que las células inmunitarias responden destruyendo la infección y "estableciendo orden" en los tejidos dañados.
Sin embargo, este proceso también tiene un lado negativo: si la inflamación no se apaga a tiempo, los rescatistas se convertirán en pirómanos, y la inflamación se convertirá en la base fisiopatológica de muchas enfermedades crónicas: aterosclerosis, obesidad, diabetes tipo 2 y otras enfermedades metabólicas, neurodegenerativas e incluso tumorales.
Por un tiempo Durante mucho tiempo, los investigadores se han centrado en estudiar cómo se desencadena la inflamación y cómo se puede suprimir. Sin embargo, en las últimas décadas se ha producido un verdadero avance científico asociado con una nueva comprensión de la terminación (resolución) de la inflamación no como supresión pasiva, sino como un proceso activo y complejamente organizado controlado por moléculas especiales: mediadores de resolución especializados (ver más abajo). Sus laboratorios han descubierto y descrito una nueva clase de moléculas que regulan el proceso de resolución de la inflamación. Estas moléculas se denominaron más tarde mediadores de soluciones especializados - angl. Mediadores Pro-Resolutivos Especializados (SPM). Estos incluyen compuestos tales como resolvinas, protectinas y maresinas. Los SPM no son sólo sustancias "antiinflamatorias" que suprimen la inflamación y la inmunidad: su acción es mucho más sutil y compleja. Se ha demostrado que SPM:
- detiene la entrada de nuevas células inmunitarias (neutrófilos) al foco de inflamación;
- acelera la "limpieza" (fagocitosis), dando así la orden a los macrófagos (células fagocíticas) para que absorban más activamente células y bacterias muertas;
- alivia el dolor, mientras que, a diferencia de los fármacos antiinflamatorios clásicos, SPM hace esto sin suprimir la inmunidad, sino normalizando la condición del tejido inflamado (ver Figura 1).

De esta manera, en un momento determinado, el organismo inicia la producción de moléculas reguladoras (SPM) que "apagan" la inflamación activa, previniendo su forma crónica y el daño excesivo a las células y tejidos, y "activan" los procesos de su limpieza y renovación.
Mediadores inflamatorios especializados (SPM): qué son y por qué son necesarios para el cuerpo
Los SPM se forman a través de una serie de intermediarios a partir de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (PNFA), eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA) con la ayuda de enzimas especiales (lipoxigenasas y ciclooxigenasas), y así se inicia el programa para tratar la inflamación (ver Figura 2).
Los SPM son moléculas de señalización especiales que dan la orden: "La inflamación ha terminado, es hora de sanar la herida y que todo vuelva a la normalidad". de orden".
Para qué más se necesitan los SPM:
- Evitan que la reacción inflamatoria protectora dañe los tejidos y órganos. Por ejemplo, en la aterosclerosis, los SPM "calman" los macrófagos en la pared del vaso, evitan que se conviertan en "células espumosas" que obstruyen las arterias y ayudan a eliminar las células ya muertas de las placas ateroscleróticas. regenerar: estimulan el crecimiento de nuevos vasos y la regeneración, pero sin dejar cicatrices excesivas.
- Los SPM previenen el desarrollo de dolor crónico, porque la inflamación crónica es un fuego silencioso que los SPM ayudan a extinguir y devolver los tejidos a un estado saludable.

Veamos la respuesta inflamatoria y el papel de SPM en su resolución usando un ejemplo de la vida real de una tubería con fugas en la pared (ver tabla con imágenes a continuación).

Aquí llegamos a una paradoja importante. A menudo se dice que los ácidos grasos omega-3 son beneficiosos porque reducen la inflamación, pero hay un matiz en sí mismos no son sustancias activas que puedan afectar directamente. inflamación, pero sus precursores En nuestro cuerpo, bajo la influencia de enzimas, lipoxigenasas y ciclooxigenasas, los omega-3 se convierten en SPM, mediadores especializados que reducen la inflamación (ver Figura 2).
- Las resolvinas de la serie E (RvE1) se obtienen del EPA.
- Las resolvinas de la serie D (RvD1-3), las protectinas (PD1) y las maresinas (Mar1) se obtienen del DHA.
Y aquí surge el mismo matiz: para que los omega-3 funcionen, estas vías metabólicas deben estar en orden y funcionar con normalidad. Y si una persona tiene inflamación crónica, trastornos metabólicos, falta de determinadas vitaminas o enzimas, trastornos genéticos; si está tomando determinados medicamentos, por ejemplo ibuprofeno; o si se trata de una persona de edad avanzada, es posible que las enzimas lipoxigenasa y ciclooxigenasa no funcionen correctamente. En este caso, puedes consumir aceite de pescado incluso después de vasos enteros, pero no producirá una cantidad suficiente de SPM. Además, los ácidos grasos omega-3 pueden metabolizarse de forma no tan saludable y convertirse en moléculas con actividad proinflamatoria. Por lo tanto, los omega-3 no funcionan a plena capacidad en muchas personas, no porque sean de mala calidad o escaseen, sino porque su conversión en SPM funcionales está alterada. Como resultado, los suplementos proporcionan materias primas (omega-3), pero no SPM activos ya preparados, y la eficacia de los suplementos es insignificante, especialmente con un alto contenido de omega-6 en la dieta.
Microbioma e inflamación: la conexión invisible
El microbioma intestinal desempeña un papel fundamental en el mantenimiento de la salud, influyendo en el metabolismo y regulando el sistema inmunológico. Los microorganismos del intestino producen sustancias biológicamente activas que pueden proteger el organismo, pero que bajo determinadas condiciones pueden provocar el desarrollo de enfermedades. Pero, ¿qué sucede cuando se altera el delicado equilibrio y cómo se relaciona esto con la inflamación?
En un estado saludable, el microbioma ayuda a digerir los alimentos, sintetiza las vitaminas y apoya la integridad de la barrera intestinal, evitando que sustancias extrañas entren en el torrente sanguíneo. Sin embargo, bajo la influencia de una nutrición inadecuada, estrés o antibióticos, se puede desarrollar disbiosis, una alteración cuantitativa y cualitativa de la composición del microbioma y su función.
Por ejemplo, con la disbiosis, algunas bacterias beneficiosas que producen butirato, un ácido graso de cadena corta con efecto antiinflamatorio, necesario para la nutrición y reproducción de las células de la mucosa intestinal, pueden desaparecer, y su lugar será ocupado por microorganismos potencialmente patógenos. Se produce una mayor permeabilidad de la pared intestinal, como resultado de lo cual las toxinas bacterianas, como los lipopolisacáridos, comienzan a penetrar en la sangre y causan endotoxemia metabólica, un estado de inflamación sistémica lenta y crónica, que a largo plazo puede estar relacionado con el desarrollo de diversas enfermedades, por ejemplo, obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otras.
Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 (EPA y DHA) son conocidos desde hace mucho tiempo por sus propiedades antiinflamatorias. Sin embargo, las investigaciones actuales revelan un nivel nuevo y más profundo de su interacción con el cuerpo. Resulta que para lograr estos efectos es necesaria la conversión de omega-3 en SPM, lo que a su vez ayuda al cuerpo no solo a suprimir la inflamación, sino a resolverla activamente y desencadenar la curación del tejido.
El microbioma intestinal juega un papel importante en la conversión de omega-3 en SPM. Las investigaciones han demostrado que algunas bacterias intestinales pueden participar directamente en dicha transformación. Por ejemplo, la cepa Bacillus megaterium DSM 32963 produce una enzima que metaboliza el omega-3 de la dieta directamente en la luz intestinal para formar SPM (ver Figura 3). Estos datos también fueron confirmados en estudios clínicos con voluntarios sanos, y este descubrimiento demuestra que la eficacia de los ácidos grasos omega-3 depende no sólo de su calidad y cantidad en la dieta, sino también de la capacidad de nuestra microbiota para procesarlos correctamente.
En la disbiosis, este sistema falla. La composición alterada del microbioma pierde la capacidad de producir SPM de manera eficiente a partir de omega-3. Como resultado, la inflamación causada o promovida por el aumento de la permeabilidad intestinal no cesa de forma natural. Se crea un círculo vicioso: la disbiosis causa inflamación y la inflamación crónica empeora la disbiosis.

Por lo tanto, un microbioma sano es esencial para el equilibrio sistémico de todo el organismo. Las bacterias intestinales protegen nuestro sistema inmunológico y su capacidad para transformar los ácidos grasos omega-3 en potentes mediadores de resolución de la inflamación (SPM) respalda el equilibrio inmunológico del cuerpo y abre nuevos horizontes de investigación para pacientes con enfermedades inflamatorias crónicas. Pero hablaremos más sobre esto en las siguientes publicaciones.
Conclusión
La inflamación no es sólo un síntoma que debe suprimirse. Es una danza compleja en la que son importantes tanto las señales de inicio como de fin del proceso. La ciencia actual muestra que la clave para la salud y la longevidad no es tanto la supresión de la inflamación sino el apoyo activo a sus mecanismos de resolución. Para la plena realización de los efectos de los omega-3 es necesaria la capacidad del organismo para transformarlos en SPM, lo que depende directamente del estilo de vida y en gran medida de la producción de nuestro microbioma intestinal.